22.8.09

Crónicas de tiempos: 22.08.09



Siempre son los recuerdos de buenos momentos los que te ponen enfermo.
Y siempre hay alguno que es la daga que se clava todo el tiemo un poco más y alrededor de la cual se va cuagulando la sangre y se te tapan hasta las venas de los pies, sentís entonces que te vas mueriendo tan de a poco...
Yo voy a encontrarme cara a cara con mi daga el día de hoy.
Podrían pasar muchas cosas.
Podría mi propia mayor cruz dejarme plantada.
Podría apenas verla nomás tirarme abajo de un auto.
Podría secuestrarla y encerrarla en mi armario, para poder controlarla.
Podría simplemente volver vivir por una tarde ese momento hermoso, y que luego me ponga enferma.
Podría ser que Dios haya oído mis plegarias, y salga de golpe la daga de mi pecho y me desangre, o no, no me desangre y se quede al lado mío, sin lastimarme y haciéndome compañía.
Pero lo que más miedo me da es que no pase nada, que no me pasa nada. Que me aburra un poco y me ponga un poco incómoda y vuelva a casa, a escribir otro fragmento de esta crónica de tiempos.


Cómo cambiaron las cosas desde que saqué esa foto, cuánto tiempo pasó y al mismo tiempo tan poco.
Decía tener el alma agrietada pero pronto la tuve directamente quebrada, dividida en mil partículas, aunque por supuesto (y lamentablemente), no perdí ningún fragmento.

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Su palabra agitará mi viento